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Mientras tantoEl comboi III: “Stellae”

El comboi III: “Stellae”


(El comboi es la sección de El Gallinero dedicada a la cartelera valenciana. Viene de la expresión “fer comboi” (“hacer convoy”), que significa ‘juntarse con amigos para organizar un evento, normalmente una comida o una fiesta, con el simple motivo de celebrar la alegría’. La AVL (Académia Valenciana de la Llengua) lo define como “Actividad festiva, diversión colectiva”, porque así entendemos el teatro, una excusa para que un grupo de gente, en la butaca y a pie de escenario, se junten para celebrar la vida.)


Stellae – foto de Juan Terol

Stellae
Texto y dirección: Iria Márquez
Con: Vicent Pastor, Iria Márquez, Marisa Lahoz, Lucía Torres
Producción: Vivirei Teatro
Del 13 al 16 de febrero en Sala Russafa

El aprecio, el interés y el cuidado por lo pequeño es, en el largo alcance, lo que acaba dando algún sentido a todo esto. Es algo que muy bien saben y suelen aceptar nuestros mayores; o quienes han transitado alguna experiencia límite en sus vidas; o quienes, por su dedicación, oficio o pasión, confrontan de cerca lo infinitamente grande o lo infinitamente pequeño. Y nada de ello tiene valor alguno si no se acompaña de una entrega a quienes apreciamos y cuya compañía anhelamos en un deseo de cariño, afecto y conocimiento mutuo. En otras palabras, nada tiene valor si no lo comunicamos. Aquí entra esa maravillosa (y terrible) herramienta, de origen aún incierto y no confirmado por la ciencia, que el ser humano inventó (¿o tal vez descubrió, pues ya estaría ahí?): el lenguaje, hasta ahora la tecnología más sofisticada que aún no ha podido ser superada por miles, millones de algoritmos, todavía a la búsqueda de la quimera del “lenguaje humano”.

Con todos estos mimbres, qué bello cuento, cuánto cuidado, cuánto cariño por el ser humano, por el medio teatral, por el público entalla y entrega Stellae, hondo, bello y preciso texto, sabedor de la fragilidad de las personas y los vínculos, de cómo el lenguaje y nuestros pares deben ser tratados como figuritas de cristal, como una pluma ondeando el aire que, mediante nuestro aliento, nunca debe dejarse caer. Iria Márquez, además de directora y actriz en el tinglado, hace a su personaje comparar las palabras con las hojas del otoño que vienen a tierra con igual ligereza e inconsistencia, pero también con las alas de un pájaro que surcan la estancia hasta llegar a quien van pronunciadas. La mención a Roman Jakobson no es gratuita viniendo de un personaje de profesión neurolingüista que trata la afasia verbal de una paciente: el lenguaje posee una condición física, y hablar al otro es reflejarse en él, darse vida, crearse a partir de la nada. Del infinito neuronal, al estelar, con el personaje del observador astronómico y los desórdenes que el silencio cósmico le provoca. Vicente Pastor y Marisa Lahoz defienden su trabajo con igual cariño y cuidado por sus palabras (o conmoción ante la ausencia de ellas) y merecen otro apartado junto con una novel Lucía Torres que aprende el sinsentido de hacerse youtuber: de nuevo, el problema son las palabras.

Stellae comprende que una de las salidas para el teatro contemporáneo, si no la única, pasa por plantear que todo conflicto se reduce a un problema de lenguaje. El cuidado y respeto con que nos lleva es tal que al final, a través del metrónomo que usaba la paciente y es puesto de nuevo en manos del astrónomo, la obra nos quiere devolver aquello más preciado que podemos dedicar a algo o compartir con alguien: el tiempo.


Stellae – foto de Juan Terol

 UN CAFÉ CON… IRIA MÁRQUEZ

Conversamos un rato con Iria Márquez, autora, directora y actriz en Stellae, en el que nos traslada su mirada sobre el teatro, la importancia nuclear de la historia sobre los demás aspectos a la hora de abordar una obra, o cómo todos los oficios en las artes escénicas son uno mismo: solo teatro.

Es interesante cómo Stellae confía mejor en las posibilidades de un texto directo y concreto, también de alto vuelo poético. Como autora-directora, ¿crees que la potencia de un montaje está más en los recursos de un texto, o más en las herramientas propiamente escénicas? ¿Dónde te sitúas en ese debate?

En el debate entre autora y directora, a mí me gusta el teatro que nos cuenta una historia. Con esto puntualizo: no tiene que ser una historia clásica con presentación, nudo y desenlace. Puede ser una historia más especial, más vanguardista, más o menos racional, pero sí creo que lo fundamental es lo que queremos contar, la historia, y todo lo demás tiene que estar a favor, tanto la dirección, como todos los recursos que utilizamos (escenografía, iluminación, espacio sonoro, interpretación…) Me gusta que al final no reconozcas quién firma un texto, una dirección o una iluminación, sino que todo esté tan en su justa medida que apoye esa historia. De ahí que la labor de dirección sea hacerlo todo coherente, incluso la interpretación.

Todo nace de un texto, y a mí me gusta el teatro textual. A partir de ahí, empezamos a visualizar qué tiene que hacer un director, y a encontrar recursos que potencien el texto, ya sea más o menos poético. En Stellae hemos conjugado esas dos vías, la más poética y metafórica, y también el desarrollo de una historia más convencional, la de una familia que se instala en un pueblo, y tras un año sus vidas se transforman. El ambiente estelar y todo lo demás forman ya parte de esa metáfora.


Stellae – foto de Juan Terol

Viendo tu biografía artística, tienes una formación filológica y literaria, tiendes a concretar propuestas como directora, y te ganas la vida como actriz de compañía. ¿El teatro permite la especialización o es más bien un medio que obliga a “una totalidad indivisible”, como definía Jakobson el lenguaje?

A mí, cuando me preguntan “en realidad, ¿qué es lo que haces?”, digo “yo hago teatro, punto”, y creo que es una suerte realmente. Pero porque a mí me gusta escribir, me gusta dirigir, me gusta interpretar, produzco —esa es la parte que menos me gusta—, también la docencia de las artes escénicas. Entonces, sí que es una totalidad indivisible que me permite vivir de las artes escénicas más fácilmente que si hubiera escogido ser solo actriz, solo directora o solo escritora. Tampoco todos tienen por qué querer ser todas esas cosas, pero pienso que está bien que conozcan un poquito de cada una de ellas. Es bueno si eres generoso con el teatro, porque incluso haciendo un curso de dirección te vas a formar mejor como actor, y viceversa.

Hay veces que encontramos algo que se puede compaginar con lo que más nos gusta: si a una persona le gusta mucho actuar, puede encontrar otra cosita dentro de las artes escénicas en lo que apoyarse. Si no, por desgracia, igual tiene que buscar otro trabajo, porque en esta profesión que tenemos un porcentaje de paro tan alto… Había un estudio que decía que solo trabajan el 8% de los actores. A mí, esa totalidad indivisible de la que hablas, me ha ayudado a subsistir dentro de la profesión y, por otra parte, a enriquecerme, a disfrutar más. Contar una historia como autora no es lo mismo que hacerlo como actriz o directora, y creo que de alguna manera satisfago distintas formas de expresión, y lo disfruto mucho. También estoy más agobiada o cansada a veces, pero cuando se da esta coyuntura, es interesante explorarla.


Stellae – foto de Juan Terol

Una pregunta que hacemos a todas nuestras entrevistadas: ¿cómo ves el panorama teatral valenciano actual? No hay respuestas incorrectas.

Creo que el panorama valenciano actual es bueno, en el sentido de que hay mucho teatro, muy variado y en general de alta calidad. Hay mucha oferta, muchas compañías peleando y trabajando, y muchos profesionales tratando de sacar adelante proyectos. En ese sentido, Valencia es una tierra muy creativa y ha dado lugar a grandísimos profesionales en todos los ámbitos, tanto en escritura, como en dirección o interpretación. Se hace mucho y muy buen teatro.

La queja que te voy a plantear imagino que será la que planteamos todos los creadores, pues pasa en Valencia y también a nivel nacional. En el caso de Valencia, necesitamos más financiación, más ayudas. Cuando salgan las convocatorias de ayudas, que sean más claras y que estén más ajustadas tanto en forma, como en fondo, en contenido y en plazos. Porque muchas veces es muy difícil producir en los plazos que proponen. Creo que hay un trabajo a nivel institucional y burocrático que debe replantearse, y todos los años se pelea para que eso mejore.

Y, por supuesto, necesitamos libertad de expresión. Parece que sobra decirlo, pero igual no. Es decir, necesitamos no tener censura, tener apoyo y también que se conozca nuestra realidad. Que vengan a las salas los que gestionan, los técnicos culturales, que vean el teatro que se hace, y que conozcan de primera mano nuestras necesidades. En eso siempre hay un suspenso general y hay que trabajar, es lo que pienso. Por supuesto, hay gente que lo hace mejor y otra peor, pero hay algo en la estructura que tiene que variar. No hablo de individualidades, hablo de la estructura.

Samaruc

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