

Javier Serena (Pamplona, 1982) es director de la revista Cuadernos Hispanoamericanos en la Dirección de Relaciones Culturales y Científicas de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Es autor de las novelas Atila. Un escritor indescifrable (Tropo, 2014), Últimas palabras en la Tierra (Gadir, 2017) y recientemente ha publicado con la editorial Almadía Apuntes para una despedida.
Apuntes para una despedida narra la relación de una pareja al borde del fin de la juventud, dos seres a la deriva que se encuentran en un Madrid pospandémico para tratar de salvarse juntos. Ambos han apostado por precarias profesiones artísticas (el narrador por la escritura y su novia por ser actriz), pero sus sueños de adolescencia no parecen querer acabar de concretarse y sus ideales andan quebradizos y al borde de la extinción. Así, su relación les servirá a ambos para mantenerse firmes (o todo lo firmes que pueden) en una vocación que parece serles esquiva.
Apuntes para una despedida es, además, una novela sobre el tiempo, sobre el paso del tiempo, sobre las ilusiones rotas y sobre los azares que reúnen a las personas. En ella, la relación sentimental que ambos mantiene les servirá no para crecer conjuntamente, pero sí para conocerse mejor, cada uno a sí mismo, íntimamente y, con ello, llegar a sus propias esencias, a aquellos fuegos prístinos que fueron los que avivaron, largo tiempo atrás, sus respectivas vocaciones.
Para saber un poco más sobre la novela, le preguntamos cinco cuestiones sobre la misma a su autor.
- Defines tu novela como una nouvelle vague madrileña.
Es una de esas definiciones un poco en broma, un poco en serio. Yo diría que puede parecerse a esa literatura o ese cine -Rohmer, Jonás Trueba, Annie Ernaux, Hervé Guibert- porque es una novela con una peripecia aparentemente discreta, un relato que avanza a partir de un puñado de situaciones mínimas, que se reproducen como fotografías, y de la disección de las tensiones entre los personajes en esas intimidades. Es una novela con una trama leve, por así decirlo. Lo que acontece, si es relevante, es por el análisis del narrador de esos pequeños momentos que son decisivos para el futuro o no futuro de sus personajes. En eso se parece a la nouvelle vague, en el retrato íntimo, en la trama leve, que casi parece que no es una novela, en la novela que hay en nuestras vidas a veces de manera imperceptible.
- Apuntes para una despedida es una novela basada en los equívocos, las irregularidades y el azar como sostén frágil y emocional de una relación de pareja, de un tipo muy particular de relación de pareja.
Yo creo que lo que hoy decimos que son novelas de pareja, es un poco el equivalente a las novelas de familia del siglo XIX. Es un poco la estructura básica de una historia, o una posible estructura. Y en esta novela hay una historia por las características de los personajes. Los dos se convierten en pareja, perteneciendo a mundos muy distintos, y con una atracción o una complementariedad que ellos mismos cuestiones, de la que dudan a menudo, porque pasan un periodo que los asemeja: una precariedad vital, diría. Los dos están atravesando un periodo de desencanto y eso les une: hay azar en ese encuentro, es un alivio pero es un alivio frágil, es una pareja sin posibilidad de futuro y al mismo tiempo una pareja inevitable, porque se necesitan el uno al otro. Pero eso también hace, claro, que, por las circunstancias de uno de los dos, eso puede saltar por los aires de manera muy violenta en un mundo dado.
- Tu libro reproduce también el fin de una época, ese momento en el que la juventud ya no es tal y los sueños se estrellan contra la realidad, y cómo, a veces, se encuentran dos personas absolutamente extrañas que, sin embargo, se intentan ayudar mutuamente en ese espacio liminal, ¿cierto?
Es una novela sobre la edad -más que generacional- y la no consecución de las expectativas. Son personajes que están en los treintaitantos, llegando a los cuarenta. Ya no son jóvenes y ya no pueden engañarse en que la vida que han querido vivir, no va a darse tal como la imaginaron. Aunque todo se revirtiera, ya no podrían vivir el pasado como les hubiera gustado. Es también por eso una novela sobre el tiempo y el relato funciona en cierto sentido como un reloj, como un calendario con las estaciones -invierno, verano, otoño- remarcando cómo transcurre el tiempo y las cosas que esperan que sucedan siguen sin suceder. Esa conciencia acusada en los dos de que sus expectativas no van a cumplirse, produce una alianza profunda entre los dos, pero la naturaleza de los que los une no es lo propio de una pareja. Se intentan ayudar en superar ese periodo, pero la distinta suerte que corre uno y otro, y el origen tan diferente de ambos, los separa definitivamente.
- Apuntes para una despedida es igualmente una reflexión sobre la precariedad (e incertidumbre) de las profesiones artísticas y sobre la soledad asociada a las mismas.
Cuando se habla de precariedad, se suele pensar en precariedad económica. Y en este caso, creo que hay precariedad económica pero también precariedad vital, escasez en el botín de la experiencia y de los logros. Él es un escritor, digamos, más integrado en la normalidad de la vida, con un trabajo, pero sin haber llegado a lo que esperaba en la escritura, y ejerciendo un oficio cualquiera por supervivencia, un oficio que era algo alimenticio y se ha convertido en un destino. Ella, que es actriz, viene de un origen tremendamente difícil: su madre sufre una esquizofrenia, su padre murió, con su hermano no se habla por todos los problemas familiares que arrastra. De niña dejó de estudiar por la precariedad -en este caso sí- económica y laboral de donde proviene. Y tiene una enorme deuda económica. Estrena una película pero no le salen más papeles, como había calculado. Y los trabajos a los que debe volver, que lleva haciendo desde adolescente, no son suficientes para que pague su deuda y su se mantenga a flote en una ciudad que la expulsa, que la deja sin casa sin tener otra casa a la que volver. Ella es un personaje en que su vida sí depende de que al fin salga cara y no cruz, una apuesta a todo o nada. Vive en esa incertidumbre extrema, tratando de conseguir papeles para nuevas películas, y siendo rechazada una y otra vez cuando creía que todo iba a empezar al fin.

- Una de las lecturas que se puede hacer de la novela es que, a partir de determinado momento, con todas las circunstancias externas en tu contra, con la realidad negándote tu deseo, no queda más que fingir, que vivir una cierta vida impostada, ¿estarías de acuerdo con esto?
Hay una gran impostura en cómo se tratan entre ellos, desde luego. Está claro desde el principio qué los une: la conciencia de que sufren por lo mismo, no una complicidad propia de una pareja. Y, sin decírselo, pero sin dejarlo claro, viven entre ellos con esa conciencia, de que no están hechos el uno para el otro y sin embargo se necesitan. Son actores frente al otro que no dicen lo que verdaderamente piensan. En ese sentido, no son personajes irreprochables, porque a veces son calculadores, fríos, algo mezquinos. Pero son personajes que pese a sus defectos me despiertan simpatía: digamos que me gustan sus imperfecciones morales, porque las compensan por el apego que tienen a sí mismos, por su resistencia a adecuarse a un molde establecido, por su voluntad de seguir luchando por algo que no va a darse. En eso son idénticos y eso los une de una manera muy sólida, hasta que esa alianza ya no sea suficiente para algunas dificultades que se van agrandando conforme avanzan juntos hacia el futuro.