En el tren de Oporto a Vigo leo –sonrío y pienso. Le muestro algunos párrafos– relatos de veranos de la adolescencia en Letras Libres. Reflexiono sobre la mía, pero no extraigo ninguna conclusión relevante. Beberse el pasado y embotellar el futuro, me dijo ayer sobre la filosofía bodeguera y me agradó ese mecanismo de trabajo. Empecé a escribir, a mano sobre el resguardo de la reserva, en la habitación 301 del hotel Aliados, cuya puerta más parece la de un armario antiguo. Pregunté a tres amigos si alguno podría subirme el post dadas mis limitaciones al otro lado de la frontera (¿de cuál de todas?), pero no prosperó la idea: que si verbena de la Paloma, que si un viaje de horas sobre el Atlántico… Tampoco puse excesivo empeño. Pero quería escribir y probar entonces si el sistema explotaría o acaso me devoraría al actualizar más allá del jueves. Termino sobre una mesa, como en la única escena tallada del retablo, policromado con gusto. El resto de las tallas o fueron expoliadas en alguna guerra contra los franceses o no alcanzaron los cuartos.
Retablos de verano
Diafragma 183
el blog de Pablo de la Peña y Abraham Coco