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Brasil y el nacimiento del modernismo

Tarsila do Amaral, «Lake», 1928

Robin Lane Fox no solo se dedica a cultivar esmeradamente su jardín, sino que da pistas suculentas sobre semillas, cuidados, libros, jardines públicos y secreteos a lo largo del Reino Unido y del ancho mundo, sino que está siempre ojo avizor sobre exposiciones que den cuenta de cómo el arte y la naturaleza se han retroalimentado a lo largo de la historia. En su sección On gardens, pequeña y deliciosa homilía de fin de semana en las páginas asalmonadas del Financial Times, confesaba recientemente haber sido marxista… desde hace sesenta años. Pero marxista de la escuela de Roberto Burle Marx, una figura todavía demasiado poco conocida “para la mayoría de los jardineros británicos”, y no digamos del resto del mundo, salvo, tal vez, Brasil. Cuenta Lane Fox que Burle Marx, a quien conoció, compaginaba varios talentos bajo la gran sombrilla del arte: cantaba, pintaba y diseñaba joyas, pero sobre todo soñaba jardines. El primero lo creó en un tejado de Río de Janeiro en 1932, y “llevó las ondulantes líneas de la pintura modernista a su paisajismo”, sin dejar de lado las formas geométricas y modelos abstractos de este vibrante movimiento estético. En los años 20 fue a Berlín, donde tomó clases de música y arte clásico, con la pretensión de convertirse en cantante de ópera. Pero allí se quedó fascinado con la presencia de plantas tropicales de su país natal en los jardines e invernaderos. Y dio un vuelco a su vida. Cuando regresó a Brasil transformó el mundo de los jardines, hasta el punto de que algunos fueron declarados patrimonio de la humanidad por la Unesco, como su propia finca, o Sitio, a unos cincuenta kilómetros al oeste de Río. Hasta su muerte, en 1994, Roberto Burle Marx, diseñó más de 3.000 jardines en veinte países. Sirva este largo prolegómeno para incitar a visitar en la Royal Academy de la capital británica la exposición ¡Brasil! ¡Brasil! La cuna del modernismo, donde este marxista más en la estela de Groucho y sus hermanos que de la del autor de El capital, aunque sus raíces son hondas e intrincadas, se diluye y refresca con otras muchas referencias que contribuyeron a nutrir la absorción de influencias extranjeras y replantarlas en el feraz suelo brasileño, en una suerte de “canibalismo cultural”, como lo definió el crítico Oswald de Andrade. Como pincelada de lo que la Royal Academy acoge, este extracto de su página web: “A principios del siglo XX, un nuevo arte moderno emergía en Brasil. Desde la década de 1910 hasta la de 1970, los artistas brasileños adaptaron las tendencias contemporáneas, las influencias internacionales y las tradiciones artísticas para crear un nuevo tipo de arte moderno; un arte inspirado en las vibrantes culturas, identidades y paisajes de Brasil. La vida cotidiana en Brasil fue el tema de este nuevo modernismo, y la identidad indígena y la experiencia afrobrasileña se encontraban entre las muchas influencias que estos artistas incorporaron en su obra. Se trataba de un grupo de personas que reflexionaban sobre su rico patrimonio cultural para marcar un nuevo rumbo para el modernismo que se extendió por toda Sudamérica. La exposición ofrece una visión más amplia del modernismo brasileño al público del Reino Unido, mostrando obras de artistas que históricamente han tenido menos difusión en este país, como Anita Malfatti, quien lideró el movimiento, y Tarsila do Amaral, ahora reconocida internacionalmente como una figura femenina destacada del modernismo brasileño. La exposición también incluye artistas autodidactas como Alfredo Volpi y Djanira da Motta e Silva, un artista de ascendencia indígena, el afrobrasileño Rubem Valentim, y el artista de la performance Flávio de Carvalho”.

 

Dónde: Royal Academy, Londres

Cuándo: Hasta el 21 de abril

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