Weiß/Colonia, 1.11.
Vinieron a visitarnos Angie y Vincent, quien se alegró mucho cuando lo mandé a mi cuarto de trabajo para ver si descubría la novedad, y volvió contento de descubrir la nueva alfombrilla* del ratón (con su vera efigie) junto al teclado. Han estado casi una hora con nosotros, charla muy entretenida acerca de sus próximos exámenes de Historia, sobre la República de Weimar y su caída, el de Angie, sobre la posguerra el de Vincent. Se llevaron la serie de Volker Kutcher, Angie, y la hamburguesa de Cay Rademacher, Vincent. Ahí encontrarán todo el material que necesitan y en unos libros de lectura apasionante las dos series. Me levantaron el ánimo, que lo tengo por los suelos porque por no sé qué embrollo electrónico me ha desaparecido un archivo con todo el trabajo adelantado para los envios semanales de twets alemanes. Porca miseria!
[* Por cierto, ayer tuve que meterme en la página web de El Corte Inglés, sección de aparatos electrónicos, para averiguar ese nombre español de lo que en alemán se llama tan gráficamente “Mauspfad”, es decir: la senda, o la ruta, del ratón].
En la edición finisemanal del KStAnz., con un total de 32 páginas tamaño tabloid, además de ⅔ de la portada y un largo editorial, 14 páginas dedicadas a las elecciones, así como 13 páginas más en el suplemento, asimismo de 32 páginas. A Diny le parece una exageración que dediquen tantas páginas a the fake president. Le digo que no es a él, sino a las elecciones, y que vienen a ser como un exorcismo para que lo barran en las urnas. Toda Europa, a excepción de Bielorrusia, Hungría, Polonia y la Unión Putinética lo desean. Por algo será.
Cabezonería como la mía tiene pocos competidores. Después de la siesta me empeñé en la tarea de una prácticamente imposible recuperación del archivo perdido y me enfrasqué en un rastreo meticuloso del contenido de la PAPELERA DE RECICLAJE con paciencia benedictina, una que nadie me supone. A las 6:pm en punto, muy poco antes de que Diny me llamase para cenar, lo conseguí: recuperé el archivo. Alabado sea el santísimo sacramento del altar.
Descubro un estupendo tuit de @josepulido2015: «Dante, desesperado, pregunta en el Paraíso: «¿Dónde está Beatriz? Hablábamos y de repente desapareció, se esfumó… ¿Alguien puede decirme qué se ha hecho?» Y entonces una voz fastidiada surge entre las nubes: «Ha llegado Sean Connery… Entienda usted…»
Weiß/Colonia, 2.11.
2:00 am : Con motivo de la muerte de Sean Connery, el canal ARD cambió la programación y se sacó de la manga Ransom [Aeropuerto S.O.S. vuelo secuestrado], que no es de lo mejor en la extensa filmografía del primer James Bond. Qué necedad ir a programar esta de la serie B, y más en una ocasión tan señalada como la muerte de Connery.
Vino Montse para ayudar a la madre y nos cuenta que Pauli se contagió con el virus, empieza su tercera semana de cuarentena, esta vez obligada; las dos anteriores fueron voluntarias pero no le han valido para nada, según se ve. La puta que parió al virus. Y como éramos pocos y la abuela salió de noche, me cuenta mi deuda estherna que ALR también está infectada y en cuarentena. Le escribo enseguida para darle ánimos, la conocemos casi desde el día en que nació en Berlín, es una persona queridísima por nosotros. En cuanto a Paul, acabo de hablar por teléfono con él y me asegura que lo que siente es como si fuese nada más que una gripe, sin fiebre, de manera que para consolarlo le digo que debe tratarse de un Covid17… ó 16.
Después de leer mi diario me escribe José María desde La Pintada, a la orilla del Cauca: «Cuando hablas de calabobos, supongo; supongo nada más, que entendiendo mojabobos, llovizna mínima, cuasi imperceptible, cierzo pertinaz, garúa incesante, hablamos de lo mismo». Le contesto: «En cuanto al calabobos, así es como lo llaman en España, excepto en el País Vasco, donde tiene un nombre eusquera: sirimiri. Hay un chiste muy bueno que se debe contar con acento vasco. En una escuela de Euzkadi la maestra acaba de explicar una lección de Historia Sagrada y se dirige a uno de los chicos: «A ver, Montxo, háblanos del diluvio universal». «Uff, maestra, al principio era como el sirimiri, pero después, ¡hostias, cómo llovía!» Los chistes con vascos son un género en España. Como son tan grandes y tan fortachones dan lugar a algunos como este, que me encanta: Shanti llega a la taberna donde están sus amigos y uno de ellos le dice: «Vaya, Shanti, por fin te compraste el Seat 600». «Joder, tío, si lo acabo de comprar, ¿cómo lo sabes?» «Es que lo traes puesto, Shanti». Shanti mira por encima del hombro y exclama: «¡Ahí va! Olvidé desabrochar el cinturón de seguridad…«»
Hoy se cumplieron 60 años de la sentencia final en el juicio La Corona vs. Lady Chatterley’s Lover, acusada de ser literatura obscena. Y los jueces dictaminaron que no, señor, no lo es. ¡Así es que Lady Constance es inocente, puede seguir tirando con su guardabosques por los siglos de los siglos! Lo que no he visto es repercusión ninguna de la efeméride en la prensa a la que he tenido acceso. La atención está puesta en las elecciones de mañana en Gringolandia.
Weiß/Colonia, 3.11.
Anoche, el canal Arte reaccionó mucho mejor que la ARD para homenajear la memoria de Sean Connery, programaron en prime time esa pequeña alhaja que es The First Great Train Robbery [El primer gran asalto al tren], con un dueto sensacional a cargo de SC y Donald Sutherland, amén del contrapunto de belleza y picardía que es Lesley–Anne Down, una actriz inglesa que se ha prodigado más en TV que en el cine, lo cual es una pena. Y a renglón seguido de la peli de Michael Crichton, esa obra maestra de Preminger que es Anatomía de un asesinato, que nunca me canso de ver… y de oír, porque la música de Duke Ellington, quien aparece tocando el piano a cuatro manos con James Stewart, es uno de los grandes alicientes de esta peli, junto con las actuaciones de JS, George C. Scott, Arthur O’Connell, Ben Gazzara, un Joseph N. Welch en estado de gracia componiendo la figura del juez, y desde luego, last but not least, Lee Remick en su caracterización de la ninfómana Laura Manion, uno de los mejores papeles de toda su carrera, que duplicó en la Temple Drake de Réquiem para una mujer. ¡Qué pedazo de actriz! Como la peli terminó casi a las 3:00 am, me fui directamente al catre.
Mientras desayuno leyendo el KStAnz llega una llamada de Paul, y Diny me pasa el teléfono porque no le entiende. Paul me explica que se siente mejor aunque aún no ha recuperado la facultad de oler ni la del gusto. Le pregunto si necesita algo que podamos hacer por él y me contesta que está «súper bien atendido». Me figuro lo mismo que Diny, que su novia le hace compañía.
Empiezo a hincarle el diente al texto de la ponencia para el Otoño Cultural Iberoamericano, en Huelva. Tengo muy claro lo que quiero decir, y creo contar con bastante munición para librar la batalla, pero lo que me falta por ahora es una estrategia para ordenar el material. Fue una buena cosa que adelantase a fines de octubre todas las entregas obligadas de estas dos semanas, así es que estoy de bastante buen ánimo sabiendo que tengo doce días por delante. Lo paso hoy metido en la búsqueda de citas de Ana Istarú, Esperanza Ortega, Yadira Calvo, T.S. Eliot, Unamuno, Auden, García Márquez, Vargas Llosa, el cáustico Karl Kraus (quien aborrecía a los periodistas: “No tener ningún pensamiento y poderlos expresar: eso es el periodismo”, escribió alguna vez, qué mala leche tenía don Kraus)…
Weiß/Colonia, 4.11.
3:50 am : Me voy a dormir con la deprimente sensación de que el resultado de las elecciones gringas se va a hacer esperar.
Todo el día trabajando en el texto para el OCIb de Huelva, con ojeadas furtivas al mapa de los Estados Unidos. No me gusta cómo está quedando el texto, creo que lo voy a rehacer, serán los mismos elementos, pero estructurados de otro modo. Encontré, eso sí, la manera de ubicar el nombre de Víctor Márquez Reviriego en una posición muy destacada del periodismo durante el régimen del inferiocre, pero sobre todo en los años de la transición, cuando le devolvió a la crónica parlamentaria el rigor que tuvo con Azorín y Fernández Flórez, pero desde la trinchera de Cambio16, no del ABC. ¿Por qué son miembros de la Real Academia unas medianías como Ansón y Cebrián, y no lo es Víctor? Ay pena penita pena, «la España de charanga y pandereta» sigue imponiéndose a «la España del cincel y de la maza».
10:34 pm : ¡Arizona se tiñe de azul en el papa de Gringolandia, ahora tan sólo quedan ya por conquistar los 6 electores de Nevada! Un buen trago de Single Malt para celebrarlo. Cheers!
Weiß/Colonia, 5.11.
Arizona desaparecida de la ola azul democrática. ¿Qué pasó durante la noche? Ahora vuelven a faltar los 17 electores que faltaban ayer. Merde alors!
Mi pedicura, Dorotea (no le gusta su nombre, Dörte), me recibe hoy con un «¡Ándele, ándele, arriba, arriba!» en una perfecta imitación de Speedy González, y a renglón seguido se deja caer con la sorprendente afirmación de que el español es el idioma hablado como lengua materna por más países en todo el mundo. Le digo que no y se lo demuestro. El español no se habla como lengua materna nada más que en 20 países. El inglés lo es en por lo menos 10 países de Amèrica, a los que hay que añadir los de Europa y Oceanía, y muchos de los africanos. Dorotea queda bastante impresionada por mis conocimientos de Geografía Humana, como en mi bachillerato se llamaba esta asignatura, y yo le dedico el reconocimiento de Dorotea a mi profe de Geografía, la señorita María Eugenia López Martos, de quien fui su alumno predilecto. Los atlas, mapas y planos urbamos me seducen casi como poemarios. Recuerdo mis risas cuando descubrí que a unas islitas desiertas y cubiertas de guano, en el Océano Índico, su descubridor gallego las bautizó “archipiélago de Cargados Carajos”. ¡Y tan cargados! Luego de cientos de hora de navegación por ese océano imprevisible, de pronto avistan una tierra, y es, literalmente, unos montoncitos de mierda. «¡Intelijencia, dame / el nombre esacto de las cosas!», imploraba Juan Ramón. ¡Poetas eran esos navegantes!
Weiß/Colonia, 6.11.
0:50 am : Los tres primeros episodios de una temporada de diez, de una serie policial producida por Ucrania, Polonia y la República Checa. La serie es buena, y pienso ver los siete episodios que faltan, lo que me pregunto es en qué idioma se entienden entre sí la comisaria polaca y los comisarios checos y ucranianos: pienso que debe ser en alemán, la lingua franca en el Pacto de Varsovia. Curioso que los países del Este se entendían en el idioma de los nazis. Para ellos era como para nosotros, antes, el francés, y ahora el dizque inglés, porque lo que chapurrean los niños españoles y latinoamericanos tiene tanto de inglés como yo de obispo de Constantinopla.
Creo que no podré escribir ni una línea más que tenga pies y cabeza hasta que no se acabe el esperpento en que se han convertido las elecciones gringas. De todos modos he subido a mi blog de El Espectador el texto de mi columna del viernes anterior, corregido y aumentado, dando por segura la victoria de Biden, Aunque confieso que lo que más me gusta de Biden es Kamala Harris.
Weiß/Colonia, 7.11.
Vino un electricista y no consiguió arreglar nuestro teléfono. Para colmo de males, desde que estuvo manipulando aquí y allá descompuso el siempre frágil equilibrio del enrutador, de modo que además de no tener teléfono, también nos quedamos sin Internet. ¡Viva la Pepa!
Hoy cumple Montse 50 años. Vivíamos en el 29 del Karolinger Ring. Estaba con nosotros desde hacía un par de semanas la Nena, que voló por primera vez en su vida para echarle una mano a Diny en el tiempo antes y después del parto. Todavía muy temprano me despertó Diny para que la llevase a la clínica. Me vestí de prisa y a la carrera y pedí un taxi, que llegó enseguida, había una parada en la Chlodwigplarz. El taxista no protestó porque el trayecto fuera tan corto, sólo hasta das Klösterchen [=el conventito], la clínica del Vringsveedel, el corazón de Colonia, ese barrio entrañable que es a Colonia lo que Lavapiés a Madrid o la Parte Vieja a San Sebastián. Llegamos, entramos, una comadrona se hizo cargo de Diny, la estuvo examinando y me dijo que me podía ir porque la cosa iba a durar. Regresé a casa andando (son sòlo cuatro cuadras) y ya la Nena estaba dándole de desayunar a Rebeca y Chico, de tres y dos años entonces. No me dio ni tiempo a desayunar. Sonó el teléfono y era llamándome desde el Klösterchen para decirme que ya había nacido mi segunda hija (no quisimos saber su sexo, aunque ya existía la posibilidad, y lo único que teníamos en claro es que si fuese niña se iba a llamar Montserrat, no por la virgen catalana sino por la isla caribeña, donde los programas en español de Radio Antillas los dirigía yo desde Colonia). Corrí a la clínica para ver a Diny y la niña, y de allí, por la Severinstraße, a la redacción. Iba pensando que al único de mis hijos que he visto nacer es a Rebeca, en nuestro piso de Huelva, calle Rábida esquina Señas. Cuando nació Chico yo me encontraba trabajando en la redacción, en Colonia, y Diny en Doetinchem, en la clínica más cercana a su pueblo natal, en el rincón trasero (la región se llama así en neerlandés: Achterhoek) de los Países Bajos. Y el de Montserrat, que tenía pensado presenciar, me lo escamoteó una comadrona que se pasó de lista. Por la tarde, cuando regresé a casa de la redacción, fuimos la Nena y yo, con los dos niños, a visitar a su mamá y a la nueva hermanita. 50 años, y recuerdo cada detalle como si hubiese sido ayer. Es un lugar común, pero los lugares comunes suelen referirse a verdades como puños, todo lo contrario del sentido común, que es el menos común de los sentidos: otro lugar común.
Llamamos a Montse para felicitarla, y es claro que no habrá celebración, no sólo a causa de los protocolos sanitarios, sino también porque Paul sigue en cuarentena y Henri se volvió a resfriar, que es lo que también me ha pasado a mí, estoy moqueando desde que me levanté, mi nariz ha mutado en grifo y no hay manera de cerrarlo. Bonito fin de semana el que me espera.
En el cuaderno de esquelas fúnebres del KStAnzeiger una con un epígrafe de Camus: «En medio del invierno, comprendía por fin que había en mí un verano invencible». [Recuperado Internet pìenso que si hubiese tenido que traducir de la traducción alemana, y no del original, habría dicho: «En medio del más profundo invierno fui por fin consciente de que hay un verano invencible en mí». Ay…] Y en la contratapa del suplemento, donde siempre aparece la crítica gastronómica, la autora tiene hoy un rapto lírico no exento de humor y asegura que «Noviembre es, entre los meses, la visita al dentista». En ese mismo orden de cosas, Mayo deberá ser, digo yo, la primera cita a ciegas.
******************THE END*******************