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Mientras tantoEl miedo a perder

El miedo a perder


 

“Veo en la lucha ajedrecística un modelo pasmosamente exacto

de la vida humana, con su trajín diario,

 sus crisis y sus incesantes altibajos”

(Garry Kasparov)

 

El miedo, ¿quién no ha sentido miedo? El miedo es un sentimiento innato que nos previene de una situación de peligro, una advertencia de algo que puede suceder o que está sucediendo. Ante este sentimiento hay distintas reacciones: Uno puede huir, escapar de aquello que nos da miedo, también puede surgir la reacción contraria, la de atacar (si es que es posible atacar aquello que nos provoca esa sensación) y, otra posible reacción ante esa situación es la de quedarse paralizado. Si, paralizado, incapaz de mover un músculo, siquiera parpadear, ya no hablemos de pensar claramente.

 

En ese trayecto que va de la cuna a la tumba y que se llama vida o, en términos ajedrecísticos, en ese trayecto que va de la apertura al final de la partida, siempre hay situaciones de incertidumbre que, por el mero hecho de no poder vislumbrar un resultado, el resultado de una decisión, provocan miedo. Eso ha sido, es y será así. Hablemos del miedo a perder.

 

Miedo a perder

El miedo a perder supone que existe la posibilidad de que algo que tengo en estos momentos y que valoro, lo puedo perder de forma definitiva e irremediable. En estos momentos el trabajo es un “bien” muy apreciado (podemos odiar o amar el trabajo), pero el mero hecho de trabajar ya supone un valor importante. ¿Quién no ha tiene o ha tenido miedo de perder su trabajo pese a que lo detesta? En estos momentos en el que la sombra de la incertidumbre, la pérdida de buenas condiciones laborales, la caída en picado de los sueldos planea sobre el mercado laboral hace que la gente prefiera una mala situación a tomar una decisión riesgosa que podría salir bien o, podría salir mal y perder lo que ya se tiene.

 

Lo mismo ocurre cuando se juega una partida de ajedrez. Todo perdona que haya jugado, por ejemplo, cien partidas de ajedrez, en alguna de ellas seguramente se habrá encontrado en una situación donde, cree, piensa, intuye que puede haber un ataque ganador pero, ese ataque ganador supone el sacrificio de una pieza muy importante, profundiza en sus análisis, los repasa una y mil veces (sin que se nos caiga la bandera y pierda por tiempo) y, después de ese largo periodo de reflexión…hace cualquier otra jugada menos la que suponía un sacrificio y, la victoria. ¿Por qué no hizo esa jugada? Por miedo. Tenía una posición ganadora, un ataque ganador pero, el simple hecho de pensar en perder lo que había ganado superó al deseo de ganar.

 

El miedo es algo innato en los seres humanos, no hay persona que no haya experimentado esa sensación, el problema es cuando la simple posibilidad de perder nubla la vista de la victoria. Los jugadores de ajedrez conoce bien esa sensación, cuando nuestro rival nos sorprende en la apertura con una jugada desconocida, sentimos miedo de caer en una trampa de laboratorio,  o en un final igualado hay veces que nos paraliza una golpe táctico por el riesgo. Como el miedo es algo que no podemos evitar, es importante que no nos domine, que no nos bloqueé nuestra toma de decisiones, que no nuble nuestra objetividad ante una posición. Kasparov, Fisher, Karpov, etcétera, todos tuvieron miedo pero lo que los hizo grandes fue la capacidad de adentrarse en lo desconocido y pensar, si, puedo perder pero, también puedo ganar y ese deseo, el de ganar, predomino sobre el otro paralizante.

 

Recomiendo al lector una película muy antigua (1986) pero que sin duda disfrutará. Es una película que si se entiende en significado, nos ayudará a sacudirnos el miedo a… perder. La película se llama Quick Silver y tiene como protagonista a Kevin Bacon.

 

En el siguiente artículo trataré los otros dos puntos: Miedo a arriesgar y, miedo a ganar (porque, aunque parezca extraño, existe el miedo a ganar).

 

 

 Mikel Menchero Pérez

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