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Lluvia que todo lo rosifica

 

 

Si la lluvia en Sevilla es una maravilla, la lluvia de Julio es agua bendita. La olla exprés del verano va cogiendo revoluciones a estas alturas de mes, hasta destilar sus primeros vapores en estrepitosas tormentas muchachas; los rayos y los truenos las persiguen como sátiros. El vaso caído y el líquido vertido son alegoría del deseo; las pasiones y los instintos se desatan con estos arrebatos atmosféricos.

 

La castiza tormenta que hoy mostramos, sucedió frente a las ventanitas de Don Pedro 7, 4º izquierda, hace diecisiete veranos. La buhardilla limitaba al Norte con la iglesia de San Andrés, al Sur con San Francisco el Grande, al Este con la iglesia de la Paloma, y al Oeste con las Vistillas.

 

Al otro lado de los edificios rosas del fondo, se despliegan escalonadas las tres terrazas de Las Vistillas, que tanto amara Ramón Gómez de la Serna. Sus jardines habían sido durante doce años, el patio de mi casa.

 

Tamborea la lluvia con ritmo de negro sambero sobre la azotea en punta de flecha del edificio de Don Pedro 9. La lluvia revitaliza no sólo por el frescor liberado, sino por su concierto salvaje de fiera en celo. El repiqueteo de las conchas de agua al tocar el suelo, resuena e impacta como una manada de elefantes galopando sobre los tejados.

 

Foto: Vizcaíno

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