La enfermedad que motivó estas radiografías de Teatra fue no tener aún imprenta. Los delirios coloristas de las portadas de la revista había que solventarlos con ingenio más que con un dinero inexistente. Conseguimos que las fotocopias del segundo número de Teatra se realizaran gratuitamente en las máquinas del Instituto de la Juventud, sito en la calle Ortega y Gasset, donde también recibimos permiso para usar uno de sus despachos en horario de tarde, como redacción furtiva de nuestra revista.
Teatra nunca se sintió cómoda bajo el nombre de fanzine, que tanto se usaba por esas fechas en plena movida madrileña. Además los fanzines estaban relacionados más con el mundo de la música, y estéticamente eran muy negruzcos, parecían reproducidos en multicopista, también conocida como vietnamitas, en la época de la clandestinidad de la lucha antifranquista.
Cada portada de Teatra llevaba un pliego de sellos del rey de 10 céntimos. Sobre ellos había que estampar –en un lateral– la cabecera de la revista. Montóse este ingenio con 2 radiografías y una serie de plantillas metálicas de letras, formando el nombre de la revista, para que la pintura negra de más de cincuenta sprays de bote, estampara sobre el pliego naranja, el nombre de la revista.
Tras estampar –una a una– 200 portadas; en este estado de gracia plástica, quedo el envés de la plancha radiográfica de Teatra.