Anna Ajmátova (1889-1966) y San Petersburgo anduvieron unidas como en su tiempo estuvieron unidos a esa ciudad A. Pushkin, F. Dostoievski o A. Blok. Ambas, Ajmátova y San Petersburgo, sufrieron profundas transformaciones en diversos periodos: la ciudad cambió de nombre y fue San Petersburgo (1703-1914), Petrogrado (1914-1924) y Leningrado (1924-1991) para volver a recuperar su nombre original (1991); también la poeta cambió cuando dejó de ser Anna Gorenko para convertirse en Anna Ajmátova, o cuando su nombre fue tachado de la lista de escritores oficiales. Ambas, ciudad y mujer, compartieron significativos cambios históricos y fueron supervivientes de las circunstancias que les tocó vivir. Ahora, San Petersburgo es una ciudad que reluce en todo su esplendor, deslumbrando a cuantos la visitan; lo mismo sucede con la vida y la poesía de Ajmátova, cuyos versos se han dado a conocer atravesando fronteras, lenguas y culturas. Para quienes profundicen en ambas, es imposible dirigir la vista a la poeta sin ver el reflejo de la capital en ella o contemplar la ciudad sin que resuenen los versos de aquella. Los mismos inicios de Ajmátova como poeta en aquella segunda década del siglo XX son realmente extraordinarios, si tenemos en cuenta que se trataba de una mujer. Es cierto que se hallaba en el ambiente propicio –su matrimonio con N. Gumiliov la relacionó directamente con O. Mandelshtam, M. Kuzmín, etcétera–, pero su verdadero éxito residió en saber llegar a los lectores y, muy especialmente, a las lectoras de su época. La fórmula hoy suena sencilla, pero en aquellos años fue revolucionaria: su voz era la de una heroína capaz de hablar de sus emociones y de sus sentimientos a través de detalles cotidianos. De este modo, la alusión adecuada a los objetos y enseres significativos, así como a determinados lugares emblemáticos o a las calles de su amada ciudad, conseguía materializar y ubicar esa voz femenina con la que fácilmente se identificaba cualquier mujer de su época, bien fuera por disfrutar de aquel mundo, bien por desearlo. En sus principios, el poema ajmatoviano enfoca e ilumina a la joven contemporánea peterburguesa que está enamorada, que pasea, que goza de compañía masculina y que condensa en el verso sus esperanzas, sus dudas, sus inquietudes y sus desengaños, pero también sus reflexiones, su inteligencia y su gran capacidad de observación. Su ingenio poético reside en aludir a emociones concretas, en crear una relación entre el entorno físico y el estado de ánimo de la mujer, constatando que mundo, ser humano e historia están fusionados y que forman parte de la misma armonía; todo ello amalgamado de un lenguaje capaz de materializar el más mínimo objeto, de imágenes selectas y de una gran riqueza métrica y rítmica. El poema convoca siempre espacios personales concretos como la habitación o el jardín, así como espacios abiertos con sus monumentos, calles… Si se trata de San Petersburgo, son habituales el río Nevá, los canales o los edificios más emblemáticos de aquel periodo. En sus primeros libros, se manifiesta en varias ocasiones El perro errante (Бродячая собака), el cabaré literario y artístico, abierto en diciembre de 1911 y ubicado en un sótano de San Petersburgo, en el número cinco de la Plaza Mijáilovski (actualmente, Plaza de las artes). Allí se reunía toda la intelectualidad y se organizaban representaciones teatrales, conferencias, recitales de poesía y espectáculos musicales. Además de ella, eran asiduos su marido N. Gumiliov y otros poetas y artistas como O. Mandelshtam, V. Maiakovski, V. Meierjold, M. Kuzmín, K. Balmont y S. Sudeikin, que había decorado sus paredes. Entremos en aquel ambiente con los siguientes versos:
«Все мы бражники здесь, блудницы…»
Все мы бражники здесь, блудницы, Как невесело вместе нам! На стенах цветы и птицы Томятся по облакам.
Ты куришь черную трубку, Так странен дымок над ней. Я надела узкую юбку, Чтоб казаться еще стройней.
Навсегда забиты окошки: Что там, изморозь или гроза? На глаза осторожной кошки Похожи твои глаза.
О, как сердце мое тоскует! Не смертного ль часа жду? А та, что сейчас танцует, Непременно будет в аду.
1 января 1913 (Четки, 1914) |
“Todos somos aquí pecadoras, bebedores…”
Todos somos aquí pecadoras, bebedores… ¡A nuestro lado nada es alegre! En las paredes, aves y flores entre nubes languidecen.
Tú fumas en una negra pipa… ¡Qué humo tan raro brota de ella! Yo llevo una falda muy ceñida para parecer aún más esbelta.
Cegadas las ventanas para siempre: ¿Qué hay allá: escarcha o tormenta? A los ojos de un gato prudente esos ojos tuyos se asemejan…
En mi corazón, ¡cuánta congoja…! ¿La hora de mi muerte acaso espero? Y esa mujer que baila ahora sin duda irá derecha al infierno.
1 de enero de 1913 (El Rosario, 1914) |
El retrato de la vida nocturna en el día de Año Nuevo condensa aquí el decadentismo de los personajes y la cerrazón espacial con decorados artificiales de la naturaleza. En el centro surge una voz de mujer que observa el entorno y que nos revela su descontento. Pronto comprendemos que este se debe a la falta de atención del hombre que ella ama, pues ni siquiera su falda estrecha ha conseguido el éxito deseado; sin embargo, otra presencia femenina sí ha logrado captar la atención masculina, lo cual provoca ese estallido de celos del verso final. El ambiente sofocante e insoportable, tan acorde a las emociones de la protagonista, se intensifica con esa curiosa alusión al infierno. En definitiva, espacio y mujer son cómplices y semejantes en apariencia. Así sucede también en los espacios abiertos de la capital, donde el arte y la literatura se filtran ampliamente en esa recreación de sus calles y rincones, en los hechos cotidianos, entretejiendo de manera natural el Petersburgo real con el artístico y literario. En sus versos brota la atmósfera del originario San Petersburgo y emergen los personajes de Pushkin, a la vez que la protagonista resuelve su concreto conflicto amoroso:
«Стихи о Петербурге» 1 Вновь Исакий в облаченьи Из литого серебра... Стынет в грозном нетерпеньи. Конь Великого Петра. Ветер душный и суровый С черных труб сметает гарь... Ах! своей столицей новой Недоволен государь. 2 Сердце бьется ровно, мерно. Что мне долгие года! Ведь под аркой на Галерной Наши тени навсегда. Сквозь опущенные веки Вижу, вижу, ты со мной— И в руке твоей навеки Неоткрытый веер мой. Оттого, что стали рядом Мы в блаженный миг чудес. В миг, когда над Летним Садом Месяц розовый воскрес— Мне не надо ожиданий У постылого окна И томительных свиданий. Ах! любовь утолена. Ты свободен, я свободна, Завтра лучше, чем вчера,— Над Невою темноводной, Под улыбкою холодной Императора Петра. 1913 (Четки, 1914) |
“Versos de Petersburgo” 1 De nuevo Isaac con su vestimenta de plata fundida y brillante… Y gélido, en su terrible impaciencia, el caballo de Pedro el Grande.
El viento arrolla, asfixiante y severo, el hollín de las negras chimeneas. El soberano está insatisfecho, ¡ay!, con su propia capital nueva.
2 El corazón late rítmico y exacto. Tantos años… ¡qué me importan! Si en la calle Galérnaia, bajo el arco, para siempre están nuestras sombras.
Dejo entornados mis párpados y te veo, te veo a ti a mi lado: ya para siempre en tu mano sostienes mi abanico cerrado.
Porque junto a mí tú te hallabas en el feliz instante de los milagros, cuando renacía la luna rosada en los Jardines de Verano.
Más esperas no me son precisas tras este insoportable ventanal. Ni necesito más fatigosas citas. ¡Ay! Saciado el amor está…
Tú eres libre y yo soy libre, mejor que el ayer es el mañana sobre el Nevá y sus turbias aguas, bajo el emperador Pedro y su sonrisa siempre helada.
1913 (El Rosario, 1914) |
Este poema se inicia con una alusión a la vestimenta de plata de Isaac, que no es otra que la gran cúpula de la catedral de San Isaac, que a pesar de estar revestida de planchas de cobre doradas, bajo el efecto de la luz en algunos momentos del día se percibe como plateada. En cuanto al caballo de Pedro el Grande, no solo es una simple referencia a la escultura más famosa de la ciudad situada en la Plaza del Senado, frente a la citada catedral y a orillas del río Nevá; se trata de un ente que se enfría, como si estuviera vivo, y nos recuerda que la escultura ecuestre puede cobrar vida en cualquier momento, tal como sucede en El jinete de bronce. Novela peterburguesa (Медный всадник, 1833), de A. Pushkin. Esa asociación literaria se refuerza de inmediato al describirnos que Pedro no está contento con su capital que él mismo ha construido. La autora, por tanto, crea un espacio peterburgués que entrelaza los tiempos del zar, el tiempo literario de la obra de Pushkin y su propio tiempo. Y en él aparece una joven, esperando con el corazón acelerado al hombre que ama y que ha vuelto a faltar a su cita. El recuerdo de los paseos de ambos bajo el arco de la calle Galérnaia o en los Jardines de verano también resultan representativos: en la calle Galérnaia, número treinta y tres, se había ubicado La casa de los intermedios (Дом Интермедий, 1910-1911), uno de los primeros teatros-cabarés de San Petersburgo, cuyo director había sido V. Meierjold y del que Ajmátova había sido asidua; se trata de una calle, además, recurrente en la poesía de Ajmátova y de O. Mandelshtam. En cuanto a los Jardines de verano, coetáneos de la ciudad, diseñados por el propio Pedro I y unidos orgánicamente al río Nevá, están íntimamente ligados a la historia de todos los peterburgueses y a la poesía de Ajmátova. Ambos espacios se utilizan para ubicar la eternidad de los momentos felices del pasado, compartidos por la pareja y recordados con nostalgia. Sin embargo, el juvenil vigor de la heroína da repentinamente un giro hacia la libertad, la esperanza y el futuro, renunciando al ya saciado e incierto amor del presente. Desde esa juventud, se concibe que el futuro será siempre mejor que el pasado, simbolizado en las turbias aguas del Nevá y la helada sonrisa de Pedro. De este modo, parece querer desprenderse del grave peso del pasado, como si su alma y la de San Petersburgo compartieran una misma carga. Es imposible que el lector cómplice en tiempo, espacio y referentes textuales no penetre en su mundo con toda confianza. La ciudad se convierte en un verdadero álter ego de la protagonista, hasta el punto de poder sustituir el discurso emocional por la descripción urbana:
«Простишь ли мне эти ноябрьские дни?»
Простишь ли мне эти ноябрьские дни? В каналах приневских дрожат огни. Трагической осени скудны убранства.
Ноябрь 1913, Петербург (Четки, 1914) |
“Estos días de noviembre, ¿me los podrás perdonar?”
Estos días de noviembre, ¿me los podrás perdonar? Las luces titilan en los canales que van al Nevá. Y los atavíos del trágico otoño son escasos.
Noviembre de 1913. San Petersburgo (El Rosario, 1914) |
A excepción de la interrogativa dirigida al amado, el lector no recibe ningún otro detalle de la historia y toda emoción deriva hacia la ciudad, donde destacan los reflejos: luces que titilan en esos canales (el Moika, el Fontanka…) que forman los nervios centrales de la ciudad y que desembocan en el Nevá. Los atavíos propios del otoño, a pesar de toda su tristeza, no parecen suficientes para transmitir la congoja de la mujer. Los espacios de la ciudad se van impregnando de los acontecimientos más íntimos de su vida, quedando cada rincón asociado a un hecho personal. El desengaño que sufre frente al conjunto arquitectónico de la fortaleza de San Pedro y San Pablo –ubicada en la isla Vasílievskiy–, hará que ambos, hecho y lugar, se unan para siempre en su mente:
«В последний раз мы встретились тогда…»
В последний раз мы встретились тогда На набережной, где всегда встречались. Была в Неве высокая вода, И наводненья в городе боялись.
Он говорил о лете и о том, Что быть поэтом женщине—нелепость. Как я запомнила высокий царский дом И Петропавловскую крепость!— Затем что воздух был совсем не наш, А как подарок божий—так чудесен. И в этот час была мне отдана Последняя из всех безумных песен.
1914 (Четки, 1914) |
“La última vez que nos citamos…”
La última vez que nos citamos fue donde siempre, en el malecón. Las aguas del Nevá fluían alto y en la ciudad temían la inundación.
Él hablaba del verano y del disparate de ser poeta y mujer al mismo tiempo. Cómo se me grabó la gran casa de los zares y la fortaleza de San Pablo y San Pedro.
El aire no era para nada el nuestro, sino, cual don de Dios, tan divino… Y me fue otorgado en aquel momento mi postrer canto lleno de delirio.
1914 (El Rosario, 1914) |
El yo poético finaliza la composición como si se tratara de un cisne –ave consagrada a Apolo– que va a emitir su melodioso canto antes de su muerte. Este paralelismo mitológico se produce al final de una separación inevitable, puesto que no existe ya ni amor ni comprensión alguna por parte del hombre. El discurso masculino resuena lleno de desinterés y de falta de tacto hacia la protagonista: ser mujer y poeta a la vez es todo un disparate. La intensidad de las emociones corre paralela al caudal del Nevá que crece y amenaza con una inundación. Este hecho, tan verosímil y a la vez tan metafórico de las circunstancias, nos conduce de nuevo hasta El jinete de bronce al coincidir con el trasfondo de la famosa obra pushkiniana inspirada en los acontecimientos que asolaron la capital en 1824. La magnitud que alcanza el río y la emoción de la mujer se fusionan en tres planos: el real, el emotivo y el literario. En otros versos, esa identificación de la protagonista con la ciudad alcanza su grado más alto al ser ambas sacralizadas: cuando el hombre hiere de amor a la mujer, cuando sus actos son una blasfemia, no lo son solo ante ella, sino ante la capital y sus lugares más sacros. San Petersburgo y ella se confunden en una misma pureza y dignidad, mientras el odioso amado posee una marca diabólica cercana al simbolismo de A. Blok:
«Как ты можешь смотреть на Неву…»
Как ты можешь смотреть на Неву, Как ты смеешь всходить на мосты?.. Я недаром печальной слыву С той поры, как привиделся ты. Черных ангелов крылья остры, Скоро будет последний суд. И малиновые костры, Словно розы, в снегу растут.
1914 (Белая Стая, 1917) |
“¿Cómo osas mirar las aguas del Nevá?”
¿Cómo osas mirar las aguas del Nevá? ¿Cómo osas por sus puentes caminar? Desde que tú te asomaste a mi vida no por nada tengo fama de afligida. Pronto tendrá lugar el juicio postrero de ángeles de afiladas alas, ángeles negros. Mientras, las hogueras de color frambuesa en la nieve crecen cual si rosas fueran.
1914 (La bandada blanca, 1917) |
Al paso de ese malvado amado que se atreve a mirar y pasear por la capital, esta parece transformarse. Aparecen personajes y símbolos del infierno: ángeles de color negro y hogueras de rojo intenso. Pero ningun referente es metafórico: no lo es el río Nevá ni sus innumerables puentes que lo atraviesan. Tampoco lo son los ángeles negros, que pueden ser identificados con las esculturas de bronce erigidas en la balaustrada de la cúpula central de la catedral de San Isaac, enverdecidas o ennegrecidas por el efecto del tiempo y la falta de restauración. Incluso las hogueras tienen una clara explicación: en los inviernos, especialmente durante los periodos más fríos y por disposición del gobernador de la ciudad, se encendían hogueras en los cruces de las calles para calentar a los transeúntes. No obstante, todas esas alusiones a la ciudad se reúnen para crear un claro mensaje a ese hombre que la ha herido de amor. Sin embargo, esa protagonista no carece de protección angelical en San Petersburgo:
«Божий Ангел, зимним утром…»
Божий Ангел, зимним утром Тайно обручивший нас, С нашей жизни беспечальной Глаз не сводит потемневших.
Оттого мы любим небо, Тонкий воздух, свежий ветер И чернеющие ветки За оградою чугунной.
Оттого мы любим строгий, Многоводный, темный город, И разлуки наши любим, И часы недолгих встреч.
1914 (Белая Стая, 1917) |
“El ángel divino que en secreto…”
El ángel divino que en secreto nos desposó una invernal mañana no aparta sus sombríos ojos de nuestra vida despreocupada.
Por ello nosotros amamos el cielo, el aire delicado y el viento fresco, y amamos las renegridas ramas tras las verjas de fundido hierro.
Por ello amamos esa urbe severa, esa ciudad lóbrega y caudalosa, amamos nuestros desencuentros y de breves encuentros las horas…
1914 (La bandada blanca, 1917) |
A pesar de seguir casados oficialmente, N. Gumiliov y Ajmátova, por esos años llevan una vida libre e independiente. La ciudad se convierte en cómplice de esos amores socialmente ilícitos hasta el punto de bendecirlos secretamente mediante sus propios símbolos. En este caso, el papel recae en el ángel que remata la aguja dorada de la catedral de San Pedro y San Pablo y que lleva una cruz para bendecir la capital. Esa divina protección compensa el ambiente lúgubre e invernal de la ciudad, que, a su vez, se ve resarcida por el gran amor de los amantes. La sacralización de San Petersburgo está presente en muchos de sus versos, hasta el punto de llegar a convertirla toda ella en un templo sagrado. En el siguiente poema los serafines con guirnaldas de las fachadas peterburguesas parecen haber inspirado la mitificación del lugar que llegó a ser su propia “cuna” como poeta (su verdadera “cuna” fueron las inmediaciones de Odesa):
«Был блаженной моей колыбелью…»
Был блаженной моей колыбелью Темный город у грозной реки И торжественной брачной постелью, Над которой держали венки Молодые твои серафимы, – Город, горькой любовью любимый.
Солеею молений моих Был ты, строгий, спокойный, туманный. Там впервые предстал мне жених, Указавши мой путь осиянный, И печальная Муза моя Как слепую водила меня.
1914 (Белая Стая, 1917) |
“Ciudad oscura, junto al temible río…”
Ciudad oscura, junto al temible río, fuiste mi bienaventurada cuna; fuiste solemne y nupcial tálamo sobre el cual tus serafines lozanos sostenían sus floridas guirnaldas, tú, ciudad de amor amargo, amada.
Eras tú la solea de mis plegarias, tú, tan rigurosa, nebulosa, sosegada. Vi en ti por vez primera a mi prometido, que me indicó mi luminoso camino, y en ti mi Musa triste y desolada como a una ciega a mí me guiaba.
1914 (La bandada blanca, 1917) |
San Petersburgo –incluyéndose aquí las inmediaciones de Tsárskoie Seló– significa un renacer, una nueva cuna, así como su lecho nupcial, sobre el que se hallan las guirnaldas de los jóvenes serafines que otorgan una mayor solemnidad. Pero, además, es sinécdoque religiosa cuando toda la ciudad se condensa en la solea de un templo, lugar donde no debería rezar una mujer, puesto que se trata de un lugar destinado al clero. Allí había aparecido N. Gumiliov, su primer marido, el hombre que ella creyó que le había sido predestinado para guiar su camino de poeta, y allí es donde ella descubrió a su musa. Pero ese tono religioso y nostálgico, que vuelve la mirada al pasado, parece referirse a una ciudad que está lejos o que ya no es lo que era, cuando Petersburgo ya ha adoptado el nombre de Petrogrado al estallar la Primera Guerra Mundial, cuando sus hombres están en el frente… La pasión cosmopolita se consolida cuando las circunstancias obligan a la vida retirada. La guerra había sorprendido a los Gumiliov en su finca de verano familiar en Slepniovo y, a partir de entonces, ella se vería obligada a pasar allí temporadas que acrecentarían su nostalgia de la ciudad:
«Ведь где-то есть простая жизнь и свет…»
Ведь где-то есть простая жизнь и свет, Прозрачный, теплый и веселый… Там с девушкой через забор сосед Под вечер говорит, и слышат только пчелы Нежнейшую из всех бесед.
А мы живем торжественно и трудно И чтим обряды наших горьких встреч, Когда с налету ветер безрассудный Чуть начатую обрывает речь.
Но ни на что не променяем пышный Гранитный город славы и беды, Широких рек сияющие льды, Бессолнечные, мрачные сады И голос Музы еле слышный. 1915 (Белая Стая, 1917) |
“En verdad, hay un lugar de vida franca…”
En verdad hay un lugar de vida franca, de luz transparente, cálida y risueña… Allí, el vecino habla con la muchacha al atardecer, a través de la cerca y sólo las abejas oyen su dulce plática.
Aquí vivimos de modo arduo y pomposo, adoramos los ritos de encuentros amargos cuando, al vuelo, pasa el viento loco y desgarra el discurso apenas iniciado.
Y por nada cambiaremos la fastuosa ciudad de granito, gloria y desventura, de ríos anchos con hielos refulgentes, de jardines lúgubres, de sol carentes, y la voz casi inaudible de su Musa…
1915 (La bandada blanca, 1917) |
La relación iniciada con el artista B. Anrep, a quien había conocido en 1914, cuando llegó este desde Inglaterra para alistarse en las tropas rusas, se prolongó hasta la llegada de la Revoluciónen 1917. Muchos son los poemas que ella le dedicó entonces, siempre contagiados de los espacios petrogradenses por los que ambos anduvieron juntos. Por sus versos corren las aguas del Nevá, sentimos la consistencia de los muros de granito que bordean su caudal y asoma la Revolución cuando el amado debe huir para no ser cautivado como oficial de la guardia blanca (“Cuando en la capital más sombría…” – «Когда я мрачнейшей из столиц…»–). Los acontecimientos históricos se aglomeran y la ciudad se transforma vertiginosamente. La mayoría de la intelectualidad peterburguesa huye de Rusia y Borís Anrep vuelve a Inglaterra; a Ajmátova, ya separada de Gumiliov y sin residencia fija, se le presenta la ocasión de salir del país, pero decide quedarse (“Es simple, es indiscutible…” –«Это просто, это ясно…»–) y acaba sobrellevando una metamorfosis física y espiritual paralela a la de la ciudad y sus circunstancias. Serían aquellos años de miseria y de desgaste tanto para la ciudad como para nuestra poeta. En 1918 se casó con el traductor de lenguas cuneiformes V. Shileiko. Este difícil matrimonio, acompañado de tuberculosis, hambre, frío y escasa producción, la llevaría a ocupar un apartamento que él había recibido en la calle del canal Fontanka, en el número 34, ubicado en el antiguo palacio del conde Sheremétev también llamado Casa del Fontanka. En aquella época, las muertes se suceden y entre ellas la de su primer marido, N. Gumiliov, ejecutado en 1921 por la Checa. Las condiciones son extremas, pero su determinación también lo es. La popularidad de los siguientes versos ajmatovianos no necesita exégesis:
«Петроград, 1919» И мы забыли навсегда, Заключены в столице дикой, Озера, степи, города И зори родины великой. В кругу кровавом день и ночь Долит жестокая истома… Никто нам не хотел помочь За то, что мы остались дома, За то, что, город свой любя, А не крылатую свободу, Мы сохранили для себя Его дворцы, огонь и воду. Иная близится пора, Уж ветер смерти сердце студит, Но нам священный град Петра Невольным памятником будет.
1920 (Anno Domini, 1921) |
“Petrogrado, 1919”
Cautivos en la capital salvaje para siempre olvidamos ciudades, estepas, albas y lagos de nuestra patria grande. Día y noche en sangriento círculo domina la cruel languidez… Y nadie nos ha querido socorrer porque en casa resistimos, porque amamos nuestra ciudad y rechazamos la libertad alada. Y sus palacios, fuego y agua nosotros pudimos conservar. Se avecinan nuevos tiempos y el corazón hiela el aire mortal, Pero Peter, nuestra sacra ciudad será nuestro espontáneo monumento.
1920 (Anno Domini, 1921) |
En 1925, al unirse al historiador y crítico de arte N. Punin, Ajmátova volvió a instalarse en otro apartamento de la Casa del Fontanka. Allí residiría casi treinta años y allí sobreviviría a los sucesos más trágicos de su vida: la prohibición de publicar (1924- 1940), las purgas y las detenciones de su hijo Lev y de su marido N. Punin, la Segunda Guerra Mundial y el bloqueo de Leningrado, su evacuación, su regreso y las nuevas represiones… Allí también nacerían en silencio sus dos grandes obras: Réquiem (Реквием, 1935-1940) y Poema sin héroe (Поэма без героя, 1940-1962), donde la Casa del Fontanka se integra como espacio poético. Su doble convivencia con esta casa y la ciudad como espacios reales y poéticos se fortalece cuando es expulsada de la Unión de Escritores y se le prohíbe publicar de nuevo (1946-1958): entonces se refugia en el conocimiento de la ciudad y su memoria va absorbiendo su arquitectura, su historia y su literatura, especialmente de A. Pushkin. Ajmátova busca bajo la piel leningradense toda huella del San Petersburgo mutilado y revive las sombras de todos sus coetáneos desaparecidos para darles vida. Ese mundo desgajado de la historia persiste en su espíritu y resuena en Poema sin héroe, dedicado a San Petersburgo:
[…] …А не ставший моей могилой, Ты, крамольный, опальный, милый, Побледнел, помертвел, затих. Разлучение наше мнимо: Я с тобою неразлучима, Тень моя на стенах твоих, Отраженье мое в каналах, Звук шагов в Эрмитажных залах, Где со мною мой друг бродил, […] (Поэма без героя, Часть третья, Эпилог)
|
[…] Y tú, amada, sediciosa, desgraciada, en mi tumba no fuiste transformada, te quedaste muerta, muda, pálida. Esta separación nuestra es ficticia: inseparable de ti, a ti estoy unida, en tus muros mi sombra está plasmada, en todos tus canales se refleja mi faz, el eco de mis pasos está en el Ermitage donde erraba con mi amigo y compañero, […] (Poema sin héroe, Tercera parte, Epílogo) |
Aquel San Petersburgo sacralizado se ha poblado de almas que conviven con ella y frente a las cuales ella se inclina. Entre ellos, O. Mandelshstam que tanto amaba su ciudad adoptiva y a quien Ajmátova dedica el siguiente poema:
«Я над ними склонюсь как над чашей…» О. Мандельштаму
Я над ними склонюсь как над чашей, В них заветных заметок не счесть -Окровавленной юности нашей Это черная нежная весть.
Тем же воздухом, так же над бездной Я дышала когда-то в ночи, В той ночи и пустой и железной, Где напрасно зови и кричи. О, как пряно дыханье гвоздики, Мне когда-то приснившейся там, – Это кружатся Эвридики, Бык Европу везет по волнам. Это наши проносятся тени Над Невой, над Невой, над Невой, Это плещет Нева о ступени, Это пропуск в бессмертие твой. Это ключики от квартиры, О которой теперь ни гугу… Этот голос таинственной лиры, На загробном гостящей лугу. 1957 (Нечет, Седьмая книга, Бег времени, 1965) |
“Me inclino ante ellos, como ante el cáliz…” A O. Mandelshtam
Me inclino ante ellos, como ante el cáliz, por sus incontables señales arcanas: son el murmullo negro e inocente de nuestra juventud ensangrentada.
Hace tiempo yo respiraba en la noche el mismo aire y sobre el mismo abismo, en aquella noche vacía, noche férrea, donde vanos eran el clamor y el grito.
Oh, qué vaho el del clavel, ¡qué aroma!, que en mis sueños de antaño aparecía: es el toro que lleva a Europa entre olas, son las Eurídices que se arremolinan.
Son nuestras sombras que raudas vuelan sobre el Nevá, sobre el Nevá, sobre el Nevá, es el Nevá que sobre los escalones chapotea, es el salvoconducto a tu inmortalidad.
Son las llaves de la casa aquella sobre la cual permanezco muda … Es la voz de la lira oculta y secreta que visita este prado de ultratumba.
1957 (Impar, Séptimo libro, La carrera del tiempo, 1965) |
La ciudad se ha convertido en un prado de ultratumba donde se oyen las voces de aquellas sombras y se las ve sobrevolando el Nevá. Son, en definitiva, las sombras de quienes fueron víctimas del dolor y de la noche férrea cuando el grito y la queja no tenían valor ninguno. Esos espectros se convierten en una constante e invaden los mismos espacios por los que Ajmátova nos paseaba en sus años de juventud:
«Летний сад»Я к розам хочу, в тот единственный сад, Где лучшая в мире стоит из оград,
Где статуи помнят меня молодой, А я их под невскою помню водой.
В душистой тиши между царственных лип Мне мачт корабельных мерещится скрип.
И лебедь, как прежде, плывёт сквозь века, Любуясь красой своего двойника.
И замертво спят сотни тысяч шагов Врагов и друзей, друзей и врагов.
А шествию теней не видно конца От вазы гранитной до двери дворца.
Там шепчутся белые ночи мои О чьей-то высокой и тайной любви.
И всё перламутром и яшмой горит, Но света источник таинственно скрыт.
1959 (Нечет, Седьмая книга, Бег времени, 1965) |
“Jardín de verano”
Quiero ver las rosas de aquel jardín único, donde se halla la más bella reja del mundo,
donde joven a mí me recuerdan las estatuas tal como yo a ellas bajo el Nevá y sus aguas.
En la aromática calma, entre regios tilos, de mástiles navieros creo oír un crujido.
Allí, por siglos, nada el cisne como antaño y la belleza de su doble sigue admirando.
Cientos de miles de pasos duermen, perdido el sentido, pasos de amigos y enemigos, de enemigos y amigos.
El final del desfile de sombras a ver no alcanzo: va del jarrón de granito al portón del palacio.
Allí hablan mis noches blancas entre cuchicheos sobre un amor extraordinario y secreto.
Y en el jardín todo reluce cual jaspe y nácar, pero la fuente de la luz permanece velada.
1959 (Impar, Séptimo libro, La carrera del tiempo, 1965) |
San Petersburgo surge del barro, de la voluntad creadora de un emperador y como símbolo de un imperio. Y lo hace emergiendo de la nada, desde el sacrificio de un pueblo y sin necesidad de evolución, brotando de golpe como obra de arte en sí: su condensación artística amalgama desde el estilo renacentista o el barroco hasta lo más contemporáneo… Ajmátova, por su parte, conoce a fondo la capital, su historia, su arquitectura, su literatura: habla de ella como de alguien vivo y como si tomara parte activa en su vida. Mira a San Petersburgo no desde fuera, sino como parte de sí misma; no ve en ella un decorado, sino el reflejo de sí misma. De este modo, cada fracción de la ciudad se va incrustando en su poesía como si se tratara de reconstruir un mosaico: los retazos de su vida, sus amores, sus angustias o sus esperanzas quedan siempre fusionados con un fragmento de la antigua capital. San Petersburgo y Ajmátova forman un complejo y rico mosaico cuyo reflejo brilla en el río Nevá y sus canales con todo su esplendor.
Bibliografía
– АХМАТОВА А. (1976): Стихотворения и поэмы -cост. В. М. Жирмунский-, Советский писатель, Ленинград.
– АХМАТОВА А. (1990): Сочинения, Том первый. Стихотворения и поэмы -вступительная статья М. Дудина; составление, подготовка текста и комментарии В. А. Черных-, Художественная литература, Москва.
– ВЕРБЛОВСКАЯ И. (2003): Горкой Любовю любимый, Петербург Анны Ахматовой, Журнал Нева, Санкт-Петербург.
– ЖИРМУНСКИЙ В. М. (1973), Творчество Анны Ахматовой, Наука, Ленинград.
– КОВАЛЕНКО С. А. -Составитель- (2005): Анна АХМАТОВА: Pro et contra, т. 2, Изд-во Русской Христианской гуманитарной академии, Серия «Русский путь», Санкт-Петербург.
– НЕДОШИВИН В. (2010): Прогулки по Серебряному веку: Санкт-Петербург, Астрель, Москва.
– ФАЙНШТЕЙН Э. (2008): Анна Ахматова; пер. с англ. Т. Новиковой; Эксмо, Москва.
Ester Rabasco Macías (Lérida, 1967) es doctora en Filología Hispánica. Ha sido profesora de ELE y de literatura en diversos centros extranjeros. Desde 1995 trabaja en el Instituto Cervantes (Varsovia, Moscú, Estambul y, actualmente, Rabat) como profesora de español y de talleres de lectura y escritura. Paralelamente, ha compaginado su profesión con la traducción literaria (poesía, narrativa y guiones cinematográficos), especialmente del polaco, ruso y francés al español; además de publicar poemas, cuentos y ensayos de diversa índole. Se doctoró (Universidad de Lleida, 2014) con la tesis Decodificación y traducción de ‘Réquiem’ y ‘Poema sin héroe’ de Anna Ajmátova, revisada por la catedrática María Sanchez Puig. Recientemente ha publicado Leyendo a Anna Ajmátova: Réquiem y Poema sin héroe, editado por la Universidad de Valladolid en la colección Disbabelia nº 21, 2017.